Feriados de Carnaval en Argentina: cuál es su origen y por qué se celebran

Los feriados de lunes y martes de Carnaval reconocen una práctica cultural que se remonta a la época colonial.

El Carnaval es una de las celebraciones populares más antiguas y extendidas del mundo. En Argentina tiene una historia propia que combina tradición europea, raíces africanas e influencias indígenas y que se celebra cada año con dos días feriados.

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Los feriados de lunes y martes de Carnaval reconocen una práctica cultural que se remonta a la época colonial y que atravesó prohibiciones, transformaciones y fuertes debates políticos, explicó en un artículo la agencia Noticias Argentinas.

En el país, los festejos ya existían en tiempos del Virreinato del Río de la Plata, cuando los bailes de máscaras y los juegos con agua tomaban tanto salones privados como calles enteras.

Con el paso de los siglos, el Carnaval se convirtió en una expresión popular que encontró en las murgas, comparsas y corsos su sello distintivo.

En la actualidad, desde los corsos barriales en la Ciudad de Buenos Aires hasta las comparsas de Entre Ríos y Corrientes o las celebraciones del Noroeste, el Carnaval argentino es una manifestación cultural diversa que explica por qué el Estado decidió restituir sus feriados como parte del calendario oficial.

Origen e historia del Carnaval en Argentina

El Carnaval tiene raíces en antiguas fiestas paganas de Egipto, Grecia y Roma, que luego se integraron al calendario cristiano como celebración previa a la Cuaresma. Con la conquista española y portuguesa, la tradición llegó a América y se fusionó con prácticas locales.

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En el Río de la Plata, ya durante la Colonia, los vecinos participaban de bailes de máscaras en espacios como el antiguo Teatro de La Ranchería, mientras que en las calles eran habituales los juegos con agua, huevos ahuecados y baldes arrojados desde balcones.

El bullicio y el carácter popular de la fiesta generaron tensiones con las autoridades.

Durante el virreinato de Juan José de Vértiz se intentó limitar los festejos a espacios cerrados y se castigaba el toque de tambor, vinculado a la población afrodescendiente.

Más tarde, el gobernador Juan Manuel de Rosas prohibió el Carnaval por decreto hasta 1854, cuando volvió a autorizarse y recuperó impulso.

En el siglo XIX, Domingo Faustino Sarmiento fue un gran impulsor de los corsos oficiales.

Tras conocer los carnavales italianos y las máscaras venecianas, promovió la organización del primer corso oficial en Buenos Aires en 1869.

Con el cambio de siglo, la inmigración española e italiana aportó nuevos ritmos y vestimentas, y las comparsas de candombe fueron dando paso a las murgas porteñas que marcaron identidad en los barrios.

Durante el siglo XX, los bailes de Carnaval también tuvieron escenarios emblemáticos.

El club Comunicaciones, en el barrio de Agronomía, fue uno de los puntos más famosos de Buenos Aires: por su pista pasaron figuras como Sandro y otras estrellas de la música popular que animaban noches multitudinarias donde el disfraz y la música eran protagonistas.

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En 1976, la última dictadura militar eliminó los feriados de Carnaval del calendario oficial mediante decreto, lo que implicó la suspensión de los corsos y un fuerte golpe a la tradición popular.

Con el regreso de la democracia en 1983, las murgas comenzaron a reorganizarse en los barrios.

Finalmente, en 2010, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, se restituyeron los feriados nacionales de lunes y martes de Carnaval, devolviéndoles carácter oficial.

Por qué se celebran los feriados de Carnaval en Argentina

-Reconocen una tradición cultural con más de tres siglos de historia en el país.

-Reivindican el aporte afrodescendiente e inmigrante a la identidad argentina.

-Restituyen un derecho cultural que fue eliminado por la dictadura en 1976.

-Impulsan la actividad turística y económica en distintas provincias.

Así, más allá del descanso o de los viajes de fin de semana largo, los feriados de Carnaval representan la continuidad de una fiesta popular que supo reinventarse frente a prohibiciones y cambios políticos.

Son, en definitiva, el reconocimiento oficial de una expresión cultural que volvió a ocupar las calles y que forma parte de la identidad argentina.

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