Commodities, la soberanía alimentaria, y otras yerbas

Normalmente, cuando hablamos de commodities nos referimos a ciertas materias primas o bienes primarios esenciales para nuestra economía y la del mundo.

Este tipo de bienes
son genéricos, o sea, no tienen una diferenciación entre sí. Por ejemplo: la
soja es un commodity porque, basándonos en una calidad mínima estándar, no hay
grandes diferencias si la producimos en la pampa argentina o en una granja
rusa.



Los productos
commodities, por lo tanto, no son diferenciados por la marca. Esto es porque la
mayoría de las veces los productos no generan un valor adicional, es decir no
tienen un valor agregado. Los commodities pueden ser metales como el oro, la
plata, o el cobre en el cual Chile se destaca. Pero también pueden ser
energéticos (petróleo, gas natural, etc.), agropecuarios y/o alimentarios, en
los cuales Argentina se especializa.



Esta característica de
“universalidad” hace que los commodities sean una alternativa más de inversión
para los capitales que buscan mayores tasas de ganancia. Justamente hoy en día
se habla de que la especulación en el mercado de los commodities agropecuarios
y alimentarios es una de las principales razones por la cuales su precio a
nivel mundial ha aumentado tanto. Este crecimiento exagerado de su precio se
denomina generalmente “burbuja”. Ya hemos escuchado de otras burbujas que han
producido crisis en los últimos tiempos, como la “burbuja inmobiliaria” en
Estados Unidos y Europa o la “burbuja de las punto.com” a fines de los 90, también
en suelo estadounidense.



La pregunta que
inmediatamente surge cuando nos referimos a este tema y lo vinculamos a las
perspectivas económicas de Argentina, es si esta tendencia de altos precios de
los commodities realmente favorece o no a nuestro país.



En principio la
respuesta sería afirmativa, porque más allá de que la mayoría de los argentinos
no somos dueños de los campos sembrados de soja, los impuestos que el Estado
cobra a los exportadores de soja, denominadas también retenciones, en teoría,
deberían volver a la sociedad en mayores fondos para educación, salud, planes
sociales, etc. En este sentido, este mecanismo del Estado ayuda a redistribuir
la riqueza generada por nuestro suelo.



De todas formas, es
necesario comenzar a hablar de un término todavía no muy conocido: “la
soberanía alimentaria”. ¿Qué es esto? Es un término relativamente nuevo, que
surge en la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización para la
Alimentación y la Agricultura (FAO) de 1996, y que básicamente se define como
la capacidad de cada Estado para definir sus propias políticas agrarias y
alimentarias y asegurar el acceso de sus ciudadanos a los alimentos básicos a
precios razonables.



La importancia de este
nuevo concepto justamente tiene que ver con el alto precio de los commodities
que vende Argentina afuera, ya sea soja, trigo, maíz, carnes, etc. Y si bien
precios más altos implican mayor cantidad de dólares que entran a nuestro país,
no hay que perder la perspectiva de que una de las principales tareas que cualquier
gobierno debe asumir, es asegurar el derecho de sus ciudadanos a una
alimentación sana, nutritiva y a precios razonables. Y en este sentido, quien
gobierne nuestro país en los próximos años deberá no solo promover actividades
que generen divisas como el cultivo de commodities agro-alimentarios, sino
también generar las condiciones para asegurar el acceso de la población a los
alimentos básicos, y esto solo puede darse protegiendo a las economía  regionales y fomentando la diversidad de
cultivos mas allá de la lógica de  la
máxima rentabilidad.



 



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