Esta película ya la vimos
Como una película repetida, de la que ya estamoscansados de ver, Independiente Rivadavia termina una temporada más -y van-rezando y sufriendo para mantenerse en la Primera B Nacional.
El domingo, la Lepra jugó un partido espantoso,perdió ante Merlo y quedó al borde del descenso. Esta temporada perderán lacategoría dos equipos. Hoy, en la tabla de los promedios, están descendiendoNueva Chicago y Crucero del Norte. Independiente está sólo por encima de ellos.Encima, ambos equipos dividen sólo por un torneo.
Después de la derrota ante el Charro, FernandoGamboa renunció a su cargo de entrenador. Así, el equipo del Parque enfrenta laúltima etapa de la temporada con un técnico nuevo (no se sabe todavía quién),con un plantel que muestra un rendimiento bajísimo y en la zona roja de lospromedios.
El paso de Gamboa por el Azul es tan mediocre yolvidable como tantísimos entrenadores que han pasado por el club en losúltimos cinco años.
El Negro estuvo al frente de la Lepra en 11partidos, de los cuales ganó tres, empató tres y perdió los cinco restantes.Pero hay algo peor: Gamboa jamás le dio una identidad de juego al equipo.
Una vez más, Independiente se armó con el objetivode ascender. Y, de la mano de Del Bosco, un hombre de la casa, que venía desalvar al equipo del descenso, empezó la temporada bien, prendido en lospuestos de arriba. Pero después, de a poco, el rendimiento del equipo se fuediluyendo y Del Bosco se tuvo que ir.
Llegó Gamboa, otro de los tantos técnicos que ponencara de serios y tratan de demostrar lo clara que la tienen en categorías delascenso. Venden humo, porque no demuestran casi nada de lo que, supuestamente,saben.
Pero seamos justos: los técnicos no entran a lacancha. El nivel que han mostrado los jugadores de Independiente en los últimospartidos es alarmante. No se puede entender que un equipo que está peleando pormantener la categoría juegue con tanto desorden, tanta tibieza, casi sinactitud, como si estuvieran adentro de la cancha sólo por cumplir.
El hincha de la Lepra está harto. Todos los años, lamisma historia. Nombres que llegan, palabras de esperanzas, sonrisas para lasfotos, una que otra figura que hace mucho ruido y después, lo mismo: un equipoque da pena y que se salva -si es que este año se salva- ahí nomás dedescender. Muchos se van, muchos vienen y no hablemos de sentir la camiseta, deidentidad. Eso ya casi no existe.
El Azul escapa todos los años en su política derefuerzos. Y es llamativo que jugadores que no rinden en el Parque al otrotorneo sean figura en otros equipos (Fileppi, Mozo y Barsottini, entre otros).O jugadores que vienen de romperla en un equipo (caso Piriz Alvez), despuéstengan rendimientos bajísimos con la casaca azul.
El hincha leproso ya no sabe qué hacer o a qué santorezarle. Están cansados de ver todos los años la misma película. Encima, sabenque algún año, de tanto jugar en el borde del descenso, la película tendrá elpeor de los finales.
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