La mortalidad infantil volvió a subir en la Argentina tras más de dos décadas de descenso
Por primera vez desde 2002, la Argentina registró un aumento significativo en la tasa de mortalidad infantil. El indicador subió 0,5 puntos y se ubicó en 8,5 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, de acuerdo con el último informe de Estadísticas Vitales difundido por el Ministerio de Salud.
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El dato marca un quiebre en una tendencia mayoritariamente descendente que se mantenía desde comienzos de siglo. En 2000, la tasa alcanzaba los 16,6 puntos y, salvo incrementos puntuales y de menor magnitud, había mostrado una mejora sostenida durante más de dos décadas.
Durante 2024 se registraron 3.513 fallecimientos de bebés menores de 12 meses en todo el país. Las provincias más afectadas fueron Corrientes, Chaco y La Rioja, que presentaron los valores más elevados del indicador. Corrientes encabezó el ranking con una tasa de 14 muertes infantiles, seguida por Chaco con 11,8 y La Rioja con 11,7. También se ubicaron por encima del promedio nacional Formosa y Santiago del Estero, ambas con 10,7.
En el otro extremo, la Ciudad de Buenos Aires mostró el índice más bajo del país, con 4,9 óbitos por cada 1.000 nacidos vivos. En términos absolutos, la provincia de Buenos Aires concentró la mayor cantidad de fallecimientos, con 1.236 casos, seguida por Santa Fe (275) y Córdoba (231), lo que refleja el peso demográfico de estos distritos.
Si bien no se trata del primer incremento registrado en los últimos años, sí es el más pronunciado desde 2002. Anteriormente, se habían observado subas entre 2001 y 2002, 2006 y 2007, 2021 y 2022, y nuevamente entre 2023 y 2024, aunque en todos esos períodos el aumento había sido menor al actual.
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El informe oficial no detalla las causas del repunte, pero el comportamiento dispar entre provincias vuelve a poner el foco en las desigualdades estructurales del sistema sanitario, el acceso a controles prenatales, la atención del parto y las condiciones socioeconómicas.
La tasa de mortalidad infantil mide la cantidad de niños que mueren antes de cumplir el primer año de vida por cada 1.000 nacimientos en un período y territorio determinados. Se trata de uno de los indicadores más sensibles para evaluar el estado de salud de una población y el funcionamiento de las políticas públicas vinculadas a la niñez.
El aumento registrado en 2024 reabre el debate sobre la capacidad del sistema de salud para sostener los avances logrados en décadas anteriores y plantea un desafío urgente para revertir una tendencia que, hasta ahora, parecía controlada.