Cuba se encamina a una parálisis energética por la falta de combustible
El sistema energético cubano atraviesa uno de sus momentos más críticos y podría enfrentar una paralización casi total en las próximas semanas si no logra garantizar el ingreso de petróleo o combustibles refinados.
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La advertencia surge tras las recientes sanciones anunciadas por Estados Unidos contra proveedores de crudo de la isla, una medida que profundiza la vulnerabilidad estructural de un país que importa cerca de dos tercios de la energía que consume.
La situación se agrava por la caída sostenida del respaldo venezolano, históricamente clave para La Habana. La reducción drástica de los envíos desde ese país dejó al gobierno de Miguel Díaz-Canel con un margen de maniobra mínimo, en un contexto de aislamiento financiero y severas limitaciones para acceder a nuevos mercados energéticos.
Jorge Piñón, especialista del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, advirtió que el escenario es "muy difícil de cuantificar", aunque el riesgo de colapso es inminente. "Si en las próximas 6 a 8 semanas no vemos ninguna entrega de petróleo crudo o combustibles -provenientes de Venezuela, México, Rusia, Estados Unidos o adquiridos por Cuba con sus propios recursos-, entonces se enfrentarán a una grave crisis", señaló el analista.
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El experto puso especial énfasis en la escasez de diésel, que representa alrededor del 20% de la demanda energética nacional y resulta clave para el funcionamiento básico del país. "El impacto sería catastrófico", explicó Piñón, al detallar que este combustible es esencial para el transporte de pasajeros y mercancías, el ferrocarril, la actividad agrícola, la industria, la distribución de agua potable y la generación eléctrica descentralizada.
Este último punto resulta particularmente sensible: los grupos electrógenos distribuidos en todo el territorio aportan cerca del 40% de la energía del Sistema Eléctrico Nacional. Su eventual paralización anticipa un agravamiento de los apagones, que en algunas regiones ya superan las 20 horas diarias, con consecuencias directas sobre la vida cotidiana y la actividad económica.
La crisis actual es presentada por especialistas como el resultado de más de seis décadas de un modelo económico centralizado que nunca alcanzó la autosuficiencia energética. Tras el fin de los subsidios soviéticos y la reciente debacle de la industria petrolera venezolana -que redujo sus envíos de unos 100.000 a cerca de 27.000 barriles diarios-, Cuba enfrenta un escenario de extrema fragilidad.
Con centrales termoeléctricas que superan los 40 años de antigüedad y una producción local que apenas cubre 40.000 de los 110.000 barriles diarios que necesita, la isla vuelve a asomarse a un panorama de desabastecimiento generalizado, comparable al "Período Especial" de los años 90, pero en un contexto internacional aún más restrictivo.