Aumentan los pedidos de boicot al Mundial 2026 por la política migratoria de Estados Unidos

Cuestionamientos a la política migratoria, críticas desde Europa y tensiones internas encienden el debate mientras la FIFA y la Casa Blanca defienden el torneo.

Mientras la FIFA y el gobierno de Estados Unidos promocionan el Mundial 2026 como un evento histórico, las críticas y los llamados al boicot comienzan a ganar visibilidad en distintos puntos del mundo. El eje del cuestionamiento está puesto en la política migratoria estadounidense y en la contradicción que, según sus detractores, supone organizar una Copa del Mundo en un contexto de controles reforzados, detenciones y deportaciones masivas.

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El debate se intensificó en Europa, donde dirigentes políticos y deportivos manifestaron su rechazo a que Estados Unidos sea el principal anfitrión del certamen. En ese marco, el expresidente de la FIFA Joseph Blatter reavivó la controversia al sugerir en la red social X que los aficionados se mantengan "lejos de Estados Unidos", una declaración que tuvo fuerte repercusión internacional.

Las críticas se apoyan en el endurecimiento de las políticas migratorias de Washington durante el último año, que derivaron en miles de arrestos, deportaciones y episodios fatales en operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). En ese contexto, el vicepresidente de la Federación Alemana de Fútbol, Oke Göttlich, cuestionó la realización del torneo al afirmar que "la vida de un jugador profesional no vale más que la vida de innumerables personas", en referencia al impacto humanitario de esas medidas.

Sin embargo, dentro del fútbol europeo no existe una postura unificada. El presidente de la federación alemana, Bernd Neuendorf, descartó un boicot formal y calificó esas expresiones como "equivocadas", marcando una posición más moderada y alineada con la continuidad del certamen.

Las tensiones también atraviesan la política interna estadounidense. Dirigentes del Partido Demócrata advierten sobre el mensaje que el país enviará al mundo al organizar un evento que simboliza la unión global en un escenario de políticas restrictivas. 

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El gobernador de California, Gavin Newsom, sostuvo que las medidas "caóticas y crueles" del presidente Donald Trump están alimentando los pedidos de boicot desde el exterior. En la misma línea, el senador por Maryland, Chris Van Hollen, remarcó la contradicción entre la esencia del Mundial y la política exterior del gobierno: "Se supone que la Copa es un momento en el que el mundo se une".

Desde el oficialismo republicano, en cambio, defienden la organización del torneo y subrayan su impacto económico. El director del Grupo de Trabajo del Mundial, Andrew Giulani, afirmó que Estados Unidos demostrará que puede garantizar "la más estricta seguridad nacional y el control migratorio" sin afectar la hospitalidad para los hinchas.

En el plano deportivo, el seleccionador estadounidense Mauricio Pochettino evitó pronunciarse sobre la polémica y aclaró que su equipo "no es político". Tampoco opinó sobre otra crítica recurrente: el alto precio de las entradas, que para la final supera los 4.000 dólares.

Estados Unidos albergará 78 de los 104 partidos del Mundial 2026, que se disputará entre el 11 de junio y el 19 de julio, con la final en el MetLife Stadium de Nueva York/Nueva Jersey. Un torneo que promete espectáculo deportivo, pero que llega acompañado de un debate político y social cada vez más intenso.

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