Rusia cuestiona el control danés sobre Groenlandia y entra en la pulseada geopolítica
Rusia se sumó a la creciente disputa internacional por Groenlandia con un duro pronunciamiento contra Dinamarca y un mensaje dirigido a la OTAN, en un contexto de fuerte tensión entre Washington y las principales capitales europeas. Desde Moscú describieron la situación como un episodio heredado del colonialismo y advirtieron sobre el impacto político del conflicto en el equilibrio transatlántico.
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El canciller ruso, Serguéi Lavrov, sostuvo que la isla ártica "no era una parte natural" ni de Noruega ni de Dinamarca y la definió como el resultado de una "conquista colonial". A su entender, el debate sobre antiguos territorios bajo dominio europeo "se vuelve cada vez más grave" en el escenario internacional actual. Las declaraciones se produjeron durante una conferencia en Moscú, donde también remarcó que el tema debería tratarse dentro del marco de la OTAN.
Lavrov negó que su país tenga intenciones de avanzar sobre Groenlandia y aseguró que Estados Unidos sabe que "Rusia y China no tienen planes" de controlar el territorio. Al mismo tiempo, cuestionó la narrativa de amenaza utilizada por la administración estadounidense para justificar su postura.
El conflicto se profundizó luego de que Donald Trump reiterara su intención de tomar el control total de la isla, territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca. El expresidente estadounidense volvió a invocar razones de seguridad nacional y global, y durante el fin de semana anunció aranceles contra países europeos que rechacen su iniciativa. Incluso amenazó con aplicar un gravamen del 10% a productos exportados a Estados Unidos, lo que impactaría en socios históricos como Alemania, Francia y el Reino Unido.
Desde el Kremlin, el portavoz Dmitri Peskov elevó el tono y afirmó que Trump "pasará a la historia mundial" si logra anexionar Groenlandia. También calificó la situación como inquietante y marcada por la desinformación. Aunque Rusia insiste en que no busca intervenir de manera directa, en Moscú reconocen que observan con interés la fractura entre Estados Unidos y Europa, a la que consideran una ventaja estratégica en el plano diplomático.
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La reacción europea no tardó en llegar. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, prometió una respuesta "firme, unida y proporcional" ante las amenazas comerciales de Washington. Alemania y Francia denunciaron la presión estadounidense como un acto de chantaje, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, propuso convocar a una cumbre del G7 en París e incluir a Dinamarca y a otros actores clave en las conversaciones.
La disputa por Groenlandia se transformó así en una de las crisis transatlánticas más delicadas de los últimos años. Sin involucrarse de forma directa en el control del territorio, Rusia aprovechó el escenario para cuestionar el orden heredado del siglo XX y subrayar las tensiones internas de sus principales rivales occidentales.